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Obsolescencia programada: Comprar-Tirar-Compra

Por Gustavo F. Protomastro, Biólogo (UBA) y Máster en Ingeniería y Gestión Ambiental (UPC-Barcelona)

Ver el video http://www.rtve.es/television/documentales/comprar-tirar-comprar/directo/

Una de las grandes polémicas en torno de los Aparatos Electrónicos es el criterio de la obsolescencia programada (OP) . La mitad de la biblioteca tiene argumentos para creer en la OP, la otra mitad, la niega. Veamos: se entiende por obsolescencia programada, la fecha de caducidad impuesta por los fabricantes para acortar el ciclo de vida de sus productos. Los artículos tienen un ciclo de vida natural, desde su fabricación hasta su obsolescencia y caducidad, bien por agotamiento, bien por rotura irreparable.

Sin embargo, la obsolescencia programada, hace referencia a una caducidad deliberada y concebida desde su diseño por el fabricante para que las cosas no duren más allá del tiempo deseado por ellos mismos. Así, esta caducidad se puede programar utilizando materiales menos consistentes, menos duraderos, baterías agotables o incluso, introduciendo chips con contadores que limiten el uso hasta un determinado número de veces.  A veces, la obsolescencia en unos pocos años, también se deben a la velocidad del recambio tecnológico. Quien no acumuló y luego desechó cientos de cassettes o diskettes, así como videograbadoras, beepers, faxes, walkmans o juegos electrónicos.


La lista de la tecnología que estuvo y luego, cual dinosaurios comerciales, se extinguieron: el walkman nació en 1972 y se comercializó a un precio desorbitante a comienzos de la década del ’70 e hizo de Sony el líder mundial en audio y video. Este reproductor de audio con el tiempo fue desplazado por el discman, una tecnología que hoy, gracias a los reproductores de Mp3 y Mp4 (y los iPod), también quedó atrás. ¿Y el mini-disc? Tuvo un leve boom en la década de los 90, pero nunca logró un verdadero furor. El fax también fue algo fantástico y todavía ponemos un número de fax en nuestra tarjetas personales. En 1964, se hizo realidad, aunque se popularizó recién a fines de los 70.

El beeper pertenecía a unos pocos, los que necesitaban ser localizados en el instante. Un breve mensaje de texto caracterizaba a este buscapersonas que fue rápidamente desplazado por los celulares. Atari y Dynacom fueron las primeras consolas de los 70. Quienes después inspirarían al Family, el Sega, el Nintendo, la PlayStation y su infinidad de descendientes. Por último, es necesario recordar el casete, donde no sólo se guardaban los tesoros de los cantantes, sino que también fue el inicio de las grabaciones domésticas.

Poco a poco, los consumidores nos hemos acostumbrado a asumir que los AEE son efímeros y cosas cada vez duran menos, ya sea por la rápida evolución de los equipos (en una computadora, una microprocesador de 3 años nos parece arcaico o el frenesí por el iPad 1 que no terminaba de llegar a la Argentina o Uruguay, cuando ya en EEUU lanzaban el iPad 2, luego el 3, sin darnos respiro. Y sentimos una mayor fragilidad en los AEE. Desde las heladeras a las lamparitas, de los electrodomésticos a las herramientas eléctricas, y del lavarropa al TV, nos parece, o tenemos la sensación que la chapa no es tan dura, el motor es más endeble y que su ciclo de vida es más corto… no como esos equipos General Electric, Panasonic, Nikon, Oster, Siemens o IBM que parecían para toda la vida. Este libro lo estoy escribiendo con una Mac Book Pro, que la compré usada hace 6 meses, cuando tenía un año y media de vida, y ya al propietario anterior le parecía obsoleta..., para sí es una “Ferrari”.

Con la extensión global del American Way of Life, a partir de los años 50 y 60, favorecido por los medios de comunicación, especialmente la televisión y la publicidad, la Sociedad, el posicionamiento de los productos en nuestras mentes y lo que esperamos de ellos ha cambiado. Los consumidores, empiezan a poner en valor otras cualidades de los productos, más basadas en el consumismo y en la moda que en las cualidades de duración, dejando a un lado valores como la resistencia al tiempo de los artículos. Se adquieren artículos no siempre tanto por necesidad como a veces por puro hedonismo o para exhibirse.

Los críticos de la obsolescencia programada, consideran que responde a una “conceptualización premeditada por parte de los fabricantes para crear artículos de menos calidad, que acorten sus ciclos de vida útil, con el fin de fomentar el consumismo. Cuando un producto dura menos, más fácilmente tendrá que ser repuesto por otro en el mercado. Así, el consumidor tendrá la necesidad impuesta de renovar sus electrodomésticos estropeados, o bien, de sumarse a las tendencias consumistas de la moda para “actualizar” su vestuario o todo tipo de artículos. Nace la cultura de desechar, de reemplazar. Desaparece la cultura de reparar. Es más sencillo, e incluso más económico, sustituir un aparato estropeado que repararlo”.

Volvamos a las percepciones respecto de los efímero y el “no-hecho-para-durar”. En los inicios de la revolución industrial, y hasta principios del siglo XX, los fabricantes buscaban, como cualidad inherente a sus artículos, la durabilidad. Cuanto más resistente al paso del tiempo era un producto, mayor era la valoración obtenida por los consumidores, mayor prestigio para la marca. Pero las cosas empiezan a cambiar en los años 70 cuando la Ley de Moore, la democratización del consumo de AEE, la reducción universal de los precios y un búsqueda de mayor bienestar nos llevó a comprar electrodomésticos, juegos electrónicos, teléfonos, herramientas eléctricas y computadoras ya sea por necesidad, ya sea por moda, y en tal sentido de ciclos de vida más cortos y descartables. ¿Para qué hacer algo que dure 20 años, si a los 3 ya es obsoleto?

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Gustavo Fernández Protomastro
Skype: gustavoprotomastro. Mail: info@ecogestionar.com.ar  protomastro@gmail.com 

 

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